Hoy libramos la gran batalla espiritual en la que los enemigos de la salvación nos cercan, en un mundo que intenta seducirnos con el atractivo del materialismo que deja vacío nuestro corazón. Por el tiempo que vivimos, requerimos de una especial ayuda de nuestra Madre, para conservar la integridad de la fe y la fidelidad a la Iglesia.