Dar a conocer la Espiritualidad de la Cruz, como un modo concreto de seguir a Jesús, desde sus diferentes instituciones y carismas, como camino para vivir nuestra fe Católica de manera comprometida y desde nuestros diferentes estados de vida, es el objetivo de este programa.
Vivir la Espiritualidad de la Cruz significa amar hasta el extremo de dar la vida por la salvación de los hombres.
El fin secundario de toda espiritualidad es la santificación de aquellos que la viven para que puedan colaborar con Cristo en la salvación de todos. Específicamente la Espiritualidad de la Cruz entiende la santidad como la transformación en Cristo Sacerdote y Víctima. La forma de colaborar en la obra de la salvación, según esta Espiritualidad, será ponerse al servicio de la mediación de Cristo sacerdote, a fin de acercar la salvación a todos los hombres. En la medida de la transformación en Cristo se podrá colaborar con Él en su obra salvadora.
La práctica característica de la Espiritualidad de la Cruz es la «cadena de amor».