Hace seis meses dejé a mi familia porque me sentía devaluada, que no me querían, que todo era más importante que yo; que mis hijos y mi marido eran más felices compartiendo su vida con otras personas, que gozaban haciéndome sufrir y denigrándome. Después de una fuerte discusión decidí irme. Mi esposo vació mi bolsa, me quitó las llaves de la casa y me sacó. Yo sólo tenía 16 pesos y lo que llevaba puesto; eso me alcanzó apenas para llegar a casa de mis papás, donde me siento como arrimada, pues no tengo nada. A los tres días me llegó la demanda de divorcio, que me negué a aceptar, y como no acepté, él reclamó la guardia y custodia de los niños. He acudido a varias instituciones pero en ninguna encuentro una respuesta honesta, así qué él ganó el juicio y los niños están con él. Yo lo único que necesito es un lugar donde vivir con mis hijos y un trabajo honesto que me permita salir adelante. Antes de salirme oré con mucha fuerza y le pedía a Dios que si esto era lo mejor, que lo permitiera, y si no, que lo evitara: me puse en sus manos. Les pido que oren por mí, me siento con el alma atormentada, necesito paz, fortaleza, ganas de salir adelante y mucha fe, porque este dolor en el pecho no termina y cada vez veo más problemas. Necesito un rayo de luz que me indique la salida, ya no tengo fuerza.