La Lectio Divina consiste, basicamente, en:
1) Leer en voz alta y pausadamente alguno de los pasajes indicados para la Misa o la Liturgia de las Horas del día, interpretando correctamente el significado de cada palabra.
2) Meditar lo leído, comprendiendo cada palabra, la anécdota y el mensaje (abstraer los conceptos). Se debe tener a mano un diccionario de buena calidad y, si se practica en comunidad, los orantes pueden contrastar el pasaje entre dos o más traducciones aprobadas (Biblia de Jerusalén, Latinoamericana, De las Américas, Dios Habla Hoy, Guadalupana, Nácar-Colunga...).
3) Orar, expresando al Señor las impresiones que nos produce su Palabra, buscando llegar, de las emociones, a los conceptos, y de ellos a la enseñanza espiritual. Si se hace en comunidad, que haya un momento de oración común guiada, y luego un momento de oración personal.
4) Contemplación amorosa, adorante, alegre y silenciosa del Señor, sobre todo si se está ante el Santísimo Sacramento.
Algunos maestros de espiritualidad agregan:
5) Compromiso: extraer de los pasos anteriores una responsabilidad personal ante el prójimo, la Creación y el Creador, que procuraremos cumplir durante el día. Es una manera concreta de compartir el crecimiento proporcionado por la lectio.
...Nada sustituye el papel del asesor espiritual; será conveniente que los orantes compartan con él sus experiencias en la lectio divina para que los oriente y optimen los frutos de esta práctica, asegurándose además de la autenticidad de su iluminación y la ortodoxia de sus meditaciones.