En el año de 1990, el Papa Juan Pablo ll escribió la encíclica titulada Redemptoris Missio, la cual habla sobre la permanente validez del mandato misionero. En este documento, en el capítulo iii titulado «Espíritu Santo protagonista de la misión» el Santo Padre cita lo siguiente:
«Uno de los objetivos de la misión es reunir al pueblo para escuchar el evangelio, en una comunión fraterna, en la oración y la Eucaristía. Vivir esta comunión fraterna, significa tener un solo corazón y una sola alma sobre tres aspectos importantes: humano, espiritual y material. Y aún antes de ser acción, la misión es TESTIMONIO e IRRADIACIÓN».
Nuestro objetivo por medio de este proyecto que hemos denominado María † Misión, es que queremos crear una verdadera comunidad cristiana, como lo hacían las primeras comunidades, en las que reinaba la alegría y la sencillez de corazón y gozaban de simpatía de todo el pueblo. Lo que queremos es que todo aquel que sienta en su corazón la necesidad de ayudar, lo haga sin pensar en lo que tiene o en lo que puede, simplemente entregarse al servicio y donación. Una verdadera comunidad cristiana, además de llevar el mensaje, se dedica también a distribuir los bienes terrenos y materiales, para que no haya indigentes y todos puedan tener acceso a cualquier servicio y necesidad material, ésto nos permitirá cumplir con el mandamiento de Dios: «Vayan por todo el mundo y prediquen mi palabra», ¿Estás dispuesto a compartir tus bienes terrenos con los demás?
Por lo anterior, la misión es considerada como un compromiso comunitario y una responsabilidad de la iglesia, la cual, tiene la gran necesidad de misioneros para lanzarse hacia nuevas fronteras. En esta época, la humanidad que se encuentra en constante movimiento y búsqueda, exige a la iglesia un nuevo impulso en la actividad misionera, ya que las posibilidades y horizontes de la misión se ensanchan y nosotros los cristianos estamos llamados a la valentía apostólica, la cual debemos basar en la confianza en el Espíritu Santo. Es por eso que, por medio de María † Visión, te invitamos a ti, a cada parroquia en particular, a todos los cristianos, en sí a toda la Iglesia Universal, a tener la misma valentía que motivó a los misioneros del pasado a tomar la responsabilidad para saber escuchar la voz del Espíritu.
¡Haz comunidad con nosotros en esta misión, y que Dios te Bendiga siempre!