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¿Qué es una indulgencia?
07-dic-2009

La indulgencia puede ser parcial o plenaria, según que libre en parte o en todo de la pena temporal debida por los pecados.

La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la penitencia: "La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos"

¿Dónde situamos las indulgencias? Las indulgencias están relacionadas con la confesión, los pecados, la redención y la comunión de los santos.

¿En qué estado queda un hombre al pecar? Una persona que comete un pecado adquiere obviamente la condición de pecador, se aleja del Señor y queda más inclinado al mal. Además, la justicia reclama una reparación, llamada también pena, expiación o penitencia.

¿Cómo cambia la situación al confesarse? La confesión borra la culpa del pecado, -la condición actual de pecador-, y también perdona parte de la penitencia que debía realizarse, aunque queda en el alma una señal o cualidad de que ha sido pecador y debe repararlo. Esto que falta por expiar se purifica mediante los sufrimientos y buenas obras de esta vida, con las penas del purgatorio, y mediante las indulgencias.

07-dic-2009

La indulgencia parcial consiste en acrecentar el valor satisfactorio de nuestras buenas obras, cosa que depende de las condiciones determinadas por la Iglesia, el valor de la obra y la caridad con que se haga.

a.  "Se concede indulgencia parcial -estatuyó Pablo VI-, al fiel cristiano que en el desempeño de sus deberes y en el sufrimiento de las miserias de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza, aun sólo mentalmente, con alguna pía invocación". Es decir, todas las obras buenas ofrecidas con humildad y confianza, quedan indulgenciadas.

b.  "Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que llevado de espíritu de fe se emplea a sí mismo o sus bienes en servicio de sus hermanos necesitados, con espíritu de misericordia". Con esto se concede indulgencia a cualquier obra de caridad hecha con espíritu de fe.

c.  "Se concede indulgencia parcial a los fieles que voluntariamente se abstienen de cosas lícitas y agradables, por espíritu de penitencia".

07-dic-2009

Para ganarlas se requiere, además de las condiciones antedichas y el cumplimiento de la obra u oración prescrita, cuatro cosas: 1) confesión; 2) comunión; 3) orar por las intenciones del Papa, y 4) no tener afecto a pecado alguno. Si falta alguna de estas condiciones, se gana sólo indulgencia parcial. Además únicamente se puede ganar una indulgencia plenaria al día, excepto en caso de muerte.

Veamos estas cuatro condiciones en detalle:

1) Confesión. Si no se está en pecado mortal, vale la confesión hecha: a) el mismo día en que se quiere ganar la indulgencia; b) en cualquiera de los ocho días que preceden a ese día; c) a los que acostumbran  confesarse por lo menos dos veces al mes, estas confesiones les bastan; d) aunque no se confiesen dos veces al mes, si son personas de comunión diaria -aunque de hecho no comulguen una o dos veces por semana- no necesitan confesarse especialmente, si no están en pecado mortal.

2) Comunión. Puede hacerse: a) en el día en que se quiere ganar la indulgencia; b) el día anterior al día en que se quiere ganar la indulgencia; c) en cualquiera de los siete días inmediatos siguientes al día indicado en el punto a; d) los que acostumbran comulgar todos los días -aunque de hecho no comulguen una o dos veces por semana- no están obligados a comulgar especialmente para ganar la indulgencia.

3) Orar por las intenciones del Papa. No basta la oración mental, debe ser vocal. Puede hacerse cualquiera según la piedad de cada uno, pero seguramente basta un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

4) No tener afecto a pecado alguno. Finalmente, es necesario estar sin culpa alguna para que se perdone toda la pena; de donde la necesidad de estar totalmente arrepentidos y decididos a no pecar más, no conservando afecto a ningún pecado.

Principales obras que tienen concedida indulgencia plenaria:

- el rezo comunitario del Rosario;

- el rezo del Rosario ante el Santísimo Sacramento, expuesto públicamente o reservado en el Sagrario;

- el Vía Crucis, delante de estaciones legítimamente erigidas;

- la visita al Santísimo durante media hora;

- la lectura de la sagrada Escritura durante media hora;

- los Ejercicios Espirituales, al menos de tres días;

- recibir con devoción la bendición del Papa para todo el orbe, aunque sólo sea por radio;

- visitar el cementerio orando por los difuntos, del 1 al 8 de noviembre (esta indulgencia sólo es aplicable a los difuntos);

- asistir a la adoración de la Cruz el viernes santo;

- la oración a Jesús Crucificado ("Mírame...", ante la imagen de Cristo en cruz, después de la comunión, los viernes de cuaresma;

- el acto de reparación, rezado públicamente en la fiesta del Sagrado Corazón;

- la consagración del género humano a Cristo Rey rezada públicamente en su fiesta;

- asistir a una primera misa o comunión, o a una misa jubilar (25, 50 ó 60 años);

- el "Te Deum", rezado solemnemente el último día del año;

- el "Veni Creator", rezado solemnemente el primero de enero y el día de Pentecostés;

- la renovación de las promesas del bautismo en la vigilia pascual y el día aniversario del bautismo.

- la siguiente oración enriquecida con indulgencia plenaria (Pío XI, 21 de febrero de 1923):

12-ago-2010

El papa Benedicto XVI ha decidido conceder una especial indulgencia plenaria a quienes participen en Cuba en la peregrinación de la virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla, organizada con ocasión del 400 aniversario del hallazgo de la imagen.

Así se anunció hoy en un mensaje de los obispos de Cuba difundido por la Radio Vaticana.

Según los obispos, Benedicto XVI concederá la "indulgencia plenaria a quien participe devotamente en algunas de las celebraciones previstas o en los ejercicios de piedad ante la escultura de la virgen peregrina".

La peregrinación de la Caridad del Cobre forma parte de las actividades iniciadas en 2008 por los 400 años del hallazgo de su imagen, que se cumplirán en 2012.

Según la tradición, la imagen de esta Virgen apareció por primera vez en 1612 ante tres pescadores que iban en una barca por la bahía oriental de Nipe.

Los obispos de Cuba convocaron en 2008 a todos los creyentes y no creyentes del país a participar del festejo porque la Virgen es símbolo y "vínculo de unidad" entre los cubanos.

La Virgen de La Caridad tiene su santuario nacional en El Cobre, pequeño pueblo cercano a Santiago, a unos 900 kilómetros al este de La Habana.

Fue declarada patrona de Cuba el 10 de mayo de 1916 y coronada personalmente por el papa Juan Pablo II el 24 de enero de 1998, durante su visita a la isla

30-jul-2010

Una noche del año 1216, San Francisco de Asís sintió un impulso irresistible de ir a la pequeña Iglesia, la Porciúncula... En cuanto entró, como siempre, se arrodillo, inclinó su cabeza y oró así: "Te alabamos, Señor Jesucristo, en todas las iglesias del mundo entero. Y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo." Luego al alzar su mirada, vio una luz brillante arriba del pequeño altar y en unos rayos misteriosos el vio al Señor con su Santísima Madre con muchos ángeles.

Con pleno gozo y profunda reverencia, Francisco se postró ante esta gloriosa visión y Jesús le dijo: "Francisco pide lo que quieras para la salvación de los hombres". Sobrecogido al escuchar estas palabras y consumido por un amor angelical por su misericordioso Salvador y por su Santísima Madre, Francisco exclamo: "Aunque yo soy un miserable pecador, yo te ruego querido Jesús, que le des esta gracia a la humanidad: dale a cada uno de los que vengan a esta Iglesia con verdadera contrición y confiesen sus pecados, el perdón completo e indulgencias de todos sus pecados".

Viendo que el Señor se mantenía en silencio, Francisco se dirigió con confiado amor a María, refugio de los pecadores, y le suplicó: "Te ruego, a Ti, Santísima Madre, la abogada de la raza humana, que intercedas conmigo, por esta petición". Entonces Jesús miro a Maria, y Francisco se alegró al verla sonreír a su Divino Hijo, como que si dijera: "por favor, concédele a Francisco lo que te pide, ya que esa petición me hace feliz...".

Inmediatamente Nuestro Señor le dijo a Francisco: "Te concedo lo que pides, pero debes de ir a mi Vicario, el Papa, y pídele que apruebe esta indulgencia". La visión, entonces, se desvaneció dejando a Francisco en el piso de la capilla, llorando de alegría, con profundo amor y agradecimiento.

Temprano en la mañana, Francisco salió con el Hermano Maceo, a la cercana Perugia, donde un nuevo Papa había sido electo, Honorio III. En el camino, Francisco empezó a preocuparse, ya que iba a pedirle al Papa, un privilegio muy grande para una capilla desconocida. Ese tipo de indulgencia sólo se había concedido a la tumba de Cristo, a la de San Pedro y San Pablo y a los que participaban en las cruzadas. Entonces Francisco oró arduamente a Nuestra Señora de los Ángeles.

Cuando llegó el turno de hablar con el Papa, Francisco se dirigió con gran humildad: "Su santidad, unos años atrás reparé una pequeña Iglesia en honor a la Santísima Virgen. Le suplico le conceda recibir indulgencias, pero sin tener que dar ninguna ofrenda" (Francisco pensaba en los pobres).

-El Papa replicó:"No es muy razonable lo que pides, pues quien desea una indulgencia debe hacer un sacrificio. Pero, bueno, ¿de cuantos años quieres que sea esta indulgencia?
-Francisco respondió: "Santo Padre, podría usted no darle años específicos, sino almas?
-¿Que significa eso de almas, Francisco?

Ahora Francisco tuvo que elevar una oración ferviente a Nuestra Señora, ya que debía explicarle al Papa lo que significaba su petición. Con mucha humildad pero con firmeza hizo su extraordinaria petición, la que ha sido conocida como la indulgencia de la Porciúncula.

-"Yo deseo, si le parece a su Santidad, por las gracias que Dios concede en esa pequeña Iglesia, que todo el que entre en ella, habiéndose arrepentido sinceramente, confesado y habiendo recibido la absolución, que se le borren todos los pecados y las penas temporales de ellos en este mundo y en el purgatorio, desde el día de su Bautismo hasta la hora en que entren en esa iglesia."

Impresionado por esta firme y sincera petición, el Papa exclamo: "Estas pidiendo algo muy grande Francisco, ya que no es la costumbre de la Corte Romana conceder ese tipo de indulgencia"

Reconociendo que esta oportunidad de traer gracias a la humanidad, podía desvanecerse en ese instante, Francisco añadió con fervor y vehemencia, y con una serenidad devastadora: "Reverendísimo Santo Padre, yo no le pido esto por mí mismo, lo pido en nombre de Aquel que me ha enviado, Nuestro Señor Jesucristo".

El Papa recordó que su gran predecesor Inocencio III, estaba convencido que Cristo se le aparecía y guiaba de manera especial a este pequeño y santo poverelo. Movido, por el Espíritu Santo, el vicario de Cristo solemnemente declaró tres veces: es mi deseo que se te sea concedida tu petición. Pero los cardenales que estaban presentes, al escuchar esta innovación revolucionaria, protestaron y reclamaron al Papa que esta rica y nueva indulgencia debilitaría las cruzadas. En términos fuertísimos le exigieron que la cancelara. Pero el Papa les dijo, "yo no cancelo lo que he concedido". -"Entonces restríngela lo mas posible".

El Santo Padre llamó a Francisco y le dijo: "Te concedemos esta indulgencia y debe ser válida perpetuamente, pero sólo en un día cada año, desde las vísperas, a través de la noche, hasta las vísperas del siguiente día."

Francisco bajó la cabeza y después de agradecer al Papa, se levantó para salir. Pero el Papa le llamó: "¿Adonde vas, tu pequeño poverelo? No tienes garantía sobre esta indulgencia". Francisco se volvió y con su simpática y confiada sonrisa le dijo: "Santo Padre su Palabra es suficiente para mi, si esta es la obra de Dios es El quien hará su obra manifiesta. No necesito ningún otro documento. La Santísima Virgen María habrá de ser la garantía, Cristo el notario, y los ángeles los testigos."

En el camino de regreso, Francisco escuchó estas palabras: "Francisco quiero que sepas que esta indulgencia, que ha sido concedida a ti en la tierra, ha sido confirmada en el cielo". Con gran gozo compartió esta revelación al hermano Maceo, y juntos aligeraron el paso para ir a darle gracias a Nuestra Señora de los Angeles en la Porciúncula.

Para la solemne inauguración de este perdón en la Porciúncula, Francisco escogió el 2 de agosto, porque fue el primer aniversario de la consagración de esta santa capilla, y porque Agosto 1, era la fiesta de la liberación de San Pedro de las cadenas que tenía en la cárcel (Agosto 2, es el día de Nuestra Señora de los Angeles).

En presencia de los obispos de Asís, Perugia, Todi, Spoleto, Gubbio, Nocera y Foligno, anunció Francisco a la multitud la gran noticia: «Quiero mandaros a todos al paraíso anunciándoos la indulgencia que me ha sido otorgada por el Papa Honorio. Sabed, pues, que todos los aquí presentes, como también cuantos vinieren a orar en esta iglesia, obtendrán la remisión de todos sus pecados».

Mas tarde los obispos de Asis y otros Papas promulgaron documentos confirmando "El gran Perdón de la Porciúncula". La pequeña iglesia dedicada a la Santísima Virgen se convirtió en uno de los más famosos santuarios de peregrinación de toda Europa. Más tarde Gregorio XV hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a todas las Iglesias Franciscanas del mundo.  En 1921, el Papa Benedicto XV canceló la restricción de manera que se pueda obtener indulgencias cualquier día. Según el decreto de la Penitenciaría Apostólica del 15 de julio de 1988 («Portiuncolae sacrae aedes»), se puede ganar la indulgencia en La Porciúncula durante todo el año, una sola vez al día. Cada año una multitud de fieles acude allí para recibir el «Perdón de Asís» también llamado «Indulgencia de la Porciúncula».

Indulgencia de la Porciúncula. (Para sí o para los difuntos).
Confesión sacramental para estar en gracia de Dios.
Participación en la Misa y comunión eucarística.
Visita a la Iglesia de la Porciúncula o alguna iglesia franciscana, donde se renueva la profesión de fe mediante el rezo del credo.
Rezar el Padre Nuestro para reafirmar la propia dignidad de hijos de Dios recibida en el Bautismo.
Una oración según las intenciones del Papa, para reafirmar la propia pertenencia a la Iglesia, cuyo fundamento y centro visible de unidad es el Romano Pontífice.
Una oración por el Papa.

28-may-2012

Domingo 3 de junio, indulgencia plenaria sin salir de casa

Con motivo del VIIº Encuentro Mundial de las Familias, que este año tiene lugar en Milán, Benedicto XVI concedió a través de la Penitenciaría Apostólica (que preside el Penitenciario Mayor, el cardenal Manuel Monteiro de Castro, antiguo nuncio en Madrid) una indulgencia plenaria "en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre) a los fieles que, con el ánimo apartado de cualquier pecado, participen devotamente en cualquier acto" del Encuentro.

Por su parte, "los fieles que no puedan participar en el evento podrán conseguir la indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, si, unidos espiritualmente a los fieles presentes en Milán, recitan en familia el Padrenuestro, el Credo y otras oraciones devotas para invocar de la Divina Misericordia la santificación de la familia según el ejemplo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, y en particular cuando se transmitan por televisión o radio las palabras del Pontífice".

También se concede indulgencia parcial a los fieles que en cualquier momento, y con el corazón contrito, en los momentos indicados recen por el bien de las familias.

La indulgencia plenaria, si es debidamente recibida, libera alma de toda pena de purgatorio por los pecados cometidos y perdonados hasta el momento de recibirla.

 
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